El cerebro nos impide ver el mundo en tiempo real

El cerebro nos impide ver el mundo en tiempo real

No hay manera, es imposible. Nuestro cerebro nos impide ver el mundo en tiempo real.

Hay al menos dos razones por las que no podemos ver el mundo en tiempo real.

Una razón nos la da la física. Vemos los objetos porque los fotones de luz viajan desde ese objeto hacia nosotros. Esto significa que en realidad estamos viendo el pasado, puesto que existe un tiempo para que lleguen a nuestra retina. En nuestra vida diaria, este tiempo es de millónésimas de segundo, por lo tanto no afecta nada en la práctica.

No obstante, la cosa cambia cuando hablamos de grandes distancias. De hecho, las estrellas y galaxias lejanas que vemos a través del telescopio son producto de los fotones que comenzaron a viajar tal vez hace millones de años. Tal es así, que si alguien de un planeta lejano a cientos o miles de años luz nos estuviera observando, vería las pirámides de Egipto en plena construcción, o a los dinosaurios comiendo frondosos árboles o tal vez más atrás aún en el pasado.

Ya esto nos deja perplejos, cómo será si ahora, además, científicos de la Universidad de California en Berkeley nos dicen que nuestro cerebro tarda nada menos que ¡15 segundos! en procesar las imágenes que recibe. Por lo tanto, vemos el pasado, no el presente.

El cerebro «estabiliza» nuestra vida

¿Se equivoca nuestro cerebro? ¿Qué pasaría si procesara la información visual que recibimos en tiempo real?

El cerebro no se equivoca en este caso. Si procesara la información visual en tiempo real, nuestro mundo y nuestra vida sería un verdadero caos. Un lugar totalmente inestable, con fluctuaciones, luces y sombras en constante movimiento. Algo así como una alucinación permanente.

Explican los científicos en Science Advances: «nuestro cerebro es como una máquina del tiempo que nos envía hacia atrás. Es como si tuviéramos una aplicación que actualiza y consolida nuestra entrada visual cada 15 segundos en una impresión para que podamos manejar la vida cotidiana».

Es decir, nuestro cerebro fusiona imágenes pasadas por medio de una función de la percepción llamada «campo de continuidad». De este modo, nos procura una sensación de estabilidad visual, indispensable para nuestra vida.

La parte negativa: «ceguera al cambio»

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La estabilización de la que hablamos es absolutamente necesaria, pero esa lentitud del cerebro también puede tener consecuencias negativas.

Tal como se demuestra en este estudio, hay pequeños cambios en el tiempo que pueden no ser vistos, pasarse por alto. Entonces podemos preguntarnos, ¿qué pasaría si es necesario tomar una decisión de gran precisión y muy rápida sobre algo que se está viendo? Pensemos por ejemplo en la tarea de un cirujano. Sería posible que se le escapara algún detalle y eso significar la diferencia entre la vida o la muerte.

De cualquier modo, no podemos evitar la naturaleza de nuestras funciones cerebrales. Y, con errores y aciertos, gracias a ellas existimos.

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