Emoción en la Educación, ¿eres consciente de su peso?

Emoción en la Educación, ¿eres consciente de su peso?

La Neuroeducación, una disciplina relativamente nueva, estudia y plantea las mejor manera de lograr el aprendizaje humano, basándose en los avances de la neurociencia. Una de las claves sobre las que se basa es el peso que las emociones tienen en el aprendizaje.

La pregunta es, ¿quienes estamos en el campo de la educación somos conscientes de todo lo que implica?

Relación profunda

La neurociencia actual revela que los humanos son criaturas fundamentalmente emocionales y sociales. Y sin embargo, quienes están en el campo de la educación a menudo no consideran que las habilidades cognitivas que se enseñan en las escuelas, funcionan como un sistema racional de alguna manera influenciado, pero separado, de la emoción y el cuerpo.

Cualquier maestro competente reconoce que las emociones y los sentimientos afectan el rendimiento y el aprendizaje de los estudiantes. Al igual que el estado del cuerpo, como por ejemplo, qué tan bien los estudiantes han dormido y comido o si se sienten enfermos o no.

Sin embargo, es probable que la relación entre el aprendizaje, la emoción y el estado corporal sea mucho más profunda de lo que muchos educadores se dan cuenta.

Enfoque equivocado

Al enseñar, el enfoque se centra a menudo en las habilidades de razonamiento lógico y el conocimiento fáctico que son los indicadores más directos del éxito educativo. Pero hay dos problemas con este enfoque.

En primer lugar, ni el aprendizaje ni la memoria suceden en un dominio puramente racional, divorciado de la emoción, a pesar de que algunos de nuestros conocimientos eventualmente se enseñan en una forma racional y carente de emociones.

En segundo lugar, es cuando se minimizan los aspectos emocionales de el plan de estudios académico. Obligando a los estudiantes a funcionar tanto como sea posible en el dominio racional. Esto pueden alentar a los estudiantes a desarrollar el tipo de conocimiento que intrínsecamente no se transfiere bien a situaciones del mundo real. 

Uno puede apreciar que las emociones, que se desarrollan en el cuerpo y la mente, están profundamente entrelazadas con el pensamiento. De otra manera, los cerebros complejos no podrían haber evolucionado por separado de los organismos que debían regular para sobrevivir y desarrollarse.

Manejar las interacciones

Pero hay otro aspecto para el problema de sobrevivir y desarrollarse. Probablemente evolucionó como una especialización de la relación entre la emoción y el aprendizaje.

A medida que los cerebros y las mentes se volvieron más complejos, el problema no se convirtió en lidiar con uno mismo sino en manejar las interacciones y las relaciones sociales.

¿Por qué un estudiante resuelve un problema matemático, por ejemplo? Las razones van desde la recompensa intrínseca de haber encontrado la solución, obtener una buena calificación, evitar el castigo, ayudar a un amigo, ingresar a una buena universidad, complacer a sus padres o al maestro.

Todas estas razones tienen un poderoso componente emocional y se relacionan tanto con las sensaciones placenteras como con la supervivencia dentro de nuestra cultura.

La noción de sobrevivir y progresar se interpreta en un marco cultural y social en esta última etapa de la evolución. No obstante, nuestros cerebros aún muestran su propósito original: administrar nuestros cuerpos y mentes al servicio de la vida y vivir felices, en el mundo con otras personas.

Implicaciones

Esta comprensión tiene varias implicaciones importantes para la investigación sobre el nexo de la educación y la neurociencia.

Apunta a nuevas direcciones para comprender la interfaz de la biología, el aprendizaje y la cultura, un tema crítico en la educación que ha demostrado ser difícil de investigar sistemáticamente.

Entender esta interfaz, arroja luz sobre el escurridizo vínculo entre el cuerpo y la mente, ya que describe cómo la salud y la enfermedad del cerebro y el cuerpo pueden influirse mutuamente. Y lo que es más importante, subraya nuestra naturaleza fundamentalmente social.

En el mundo real

El simple hecho de tener el conocimiento no implica que un estudiante pueda usarlo ventajosamente fuera de la escuela.

A medida que los avances recientes en la neurobiología de las emociones revelan que en el mundo real, la cognición funciona al servicio de los objetivos que regulan la vida, implementados por la maquinaria emocional.

Además, los pensamientos y sentimientos de las personas se evalúan dentro de un contexto sociocultural. Por lo tanto, sirven para ayudarlos a sobrevivir y desarrollarnos en un mundo social en lugar de simplemente individual y oportunista.

La cognición funciona al servicio de los objetivos que regulan la vida.

Si bien la idea de que el aprendizaje ocurre en un contexto cultural, dista mucho de ser nueva.

Esperamos que estos nuevos conocimientos de la neurobiología arrojen luz sobre la emoción en la educación y las relaciones anidadas entre la emoción, la cognición, la toma de decisiones y el funcionamiento social.

Esto proporcionará un punto de partida para nuevas ideas sobre el papel de la emoción en la educación. 

En conclusión

En resumen, el aprendizaje, en el complejo sentido en que ocurre en las escuelas o en el mundo real, no es un proceso racional o incorpóreo, pero tampoco es uno y solitario.

Los humanos no podemos separarnos de nuestra biología, ni podemos ignorar las fuerzas socioculturales y cognitivas que nos hacen especiales dentro del reino animal.

Cuando los educadores no apreciamos la importancia de las emociones de los estudiantes, no apreciamos una fuerza crítica en el aprendizaje de los estudiantes. Es más no podemos apreciar, en absoluto, la verdadera razón por la que los estudiantes aprenden.

Cuantos más educadores comprendan la naturaleza e importancia de la emoción en la educación y su relación con la cognición, mejor podrán aprovechar esta relación en el diseño de entornos de aprendizaje.

(Este artículo está basado principalmente en las ideas expuestas en: «We Feel, Therefore We Learn: The Relevance of Affective and Social Neuroscience to Education» Autores: Mary Helen Immordino-Yang, Antonio Damasio).

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