Empatía: 3 técnicas para que la mejores en tus relaciones sociales

Empatía: 3 técnicas para que la mejores en tus relaciones sociales

Hombros caídos, ojos bajos, evitando conversaciones o tus mensajes de texto: no es difícil reconocer cuando uno de tus amigos, familiares o colegas está teniendo un día difícil.

Lo que no es tan fácil es saber qué decir.

Con demasiada frecuencia nos apresuramos a resolver el problema u ofrecemos consejos rápidos o frases consoladoras como «Las cosas podrían ir peor» o «Mira el lado bueno», todo en un esfuerzo por hacerlos sentir mejor. Pero lo que la otra persona realmente necesita es alguien que escuche sin juzgar ni comentar.

Qué es la empatía

El término «empatía» se utiliza para describir una amplia gama de experiencias. Los investigadores de las emociones generalmente definen la empatía como la capacidad de sentir las emociones de otras personas, junto con la capacidad de imaginar lo que otra persona podría estar pensando o sintiendo.

Los investigadores contemporáneos a menudo diferencian entre dos tipos de empatía. La “empatía afectiva” se refiere a las sensaciones y sentimientos que obtenemos en respuesta a las emociones de los demás. Esto puede incluir reflejar lo que esa persona siente o simplemente sentirse estresado cuando detectamos el miedo o la ansiedad de otra persona. 

La “empatía cognitiva”, a veces llamada “toma de perspectiva”, se refiere a nuestra capacidad para identificar y comprender las emociones de otras personas. Los estudios sugieren que las personas con trastornos del espectro autista tienen dificultades para sentir empatía.

Empatía, neuronas espejo, evolución y herencia

La empatía parece tener raíces profundas en nuestros cerebros y cuerpos, y en nuestra historia evolutiva. Se han observado formas elementales de empatía en nuestros parientes primates , en perros e incluso en ratas. 

La empatía se ha asociado con dos vías diferentes en el cerebro, y los científicos han especulado que algunos aspectos de la empatía se pueden rastrear hasta las neuronas espejo, células en el cerebro que se activan cuando observamos a otra persona realizar una acción de la misma manera que lo harían. fuego si realizamos esa acción nosotros mismos. 

La investigación también ha descubierto evidencia de una base genética para la empatía, aunque los estudios sugieren que las personas pueden mejorar (o restringir) sus habilidades empáticas naturales.

Tener empatía no significa necesariamente que queramos ayudar a alguien que lo necesite, aunque a menudo es un primer paso vital hacia la acción compasiva.

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Pasos para maximizar la empatía

Lo interesante, es que que está demostrado que puedes aumenta tus capacidades de empatía. Por ejemplo, si practicas los siguientes pasos ya habrás hecho un gran avance.

1. Demuéstrale que notas que está con problemas 

Reconoce el problema de la otra persona y hazle saber que quieres conocer más sobre lo que le está pasando. Comienza con un simple «Oye, ¿estás bien?» o “Parece que estás preocupado por algo. ¿Qué pasa?» Luego escucha lo que el otro tiene que decir sin tratar de animarlo, distraerlo, quirtarle importancia o decirles qué hacer.

2. Pregúntale: «¿Puedes ayudarme a entender?»

Esta expresión deliberada envía el mensaje de que no estás tratando de arreglar su vida, pero que sientes curiosidad y te preocupas por esa persona. Por ejemplo, si un amigo se queja de que se siente ignorado en el trabajo, pregúntale: «¿Puedes ayudarme a entender por qué sientes que otras personas reciben más reconocimiento que tú?» o «¿Puede ayudarme a comprender cómo el sentirse ignorado está afectando tu forma de pensar acerca de tu trabajo?»

3. Comparte una observación

Si le parece apropiado, díle algo que hayas observado sobre él. Podrías decirle a la persona que se siente ignorada en el trabajo: “Te enciendes cada vez que hablas de cómo terminó ese tema. ¿Todavía te sientes así en el trabajo? « 

Recordarle a las personas sus atributos positivos puede ser útil cuando alguien está deprimido, pero mantén tu observación breve y la atención enfocada en ellos y sus experiencias, no en ti. 

Independientemente de lo que digas, házles saber que estás firmemente de su lado y que estás allí para escucharlo y apoyarlo. Incluso si tienes algún consejo que pueda ayudarlos, ¡guárdelo para ti!

4. Pregúntale más adelante

Puedes decidir qué hacer a continuación, ya sea continuar la conversación, salir a caminar o cambiar de tema, según la respuesta de tu amigo. Solo asegúrate de hablar con él sobre este tema en otro momento para que sepan que tu interés era sincero y que realmente lo estabas escuchando, no solo hablando por hablar.

Y la próxima vez que veas a un amigo abrumado, háblale siguiendo los pasos. Verás que todo irá mejor y lo estarás ayudando sinceramente.

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1 comentario

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  • Gracias a la empatía, los seres humanos somos capaces de ayudarnos unos a otros. Somos una especie social y el progreso que hemos tenido a través de millones de años, sólo puede explicarse en función de este proceso de socialización.
    En los últimos años, la neurociencia ha hecho avances considerables tratando de explicar la ciencia detrás de la empatía. Esencialmente se ha descubierto que existe 2 sistemas que contribuyen a a empatía (Shamay-Tsoory, 2011 “The neural bases for empathy”).
    Por un lado, un sistema emocional, que nos permite conectar con las emociones de la otra persona. Y por el otro, un sistema cognitivo que nos permite entender la perspectiva de los demás.
    El sistema emocional tiene su origen en las neuronas espejo (Jankowiak-Siuda, Rymarczyk, Grabowska, 2011 “How we empathize with others: A neurobiological perspective”) y se activa especialmente al observar dolor en otros.
    El sistema cognitivo nos permite en una primera fase distinguir entre “yo” y el “otro”, para después entender las “intenciones, deseos y creencias” (Jankowiak-Siuda, Rymarczyk, Grabowska, 2011 “How we empathize with others: A neurobiological perspective”) de los demás.
    La neurociencia está aportando día con día más información que nos permite entender cómo nos relacionamos. Un campo del saber fascinante.

    Silvia Calleja de Röpke Reply

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