Hipocampo: memoria, emociones y aprendizaje

Hipocampo: memoria, emociones y aprendizaje

 

Todos los humanos tenemos "hipocampo", pero ¿conoces realmente qué es, sus funciones y su importancia? 

En este artículo aprenderás:

1. ¿Qué es?

2. Funciones

3. Hipocampo y memoria

4. Hipocampo y emociones

5. Hipocampo y aprendizaje

6. ¿Qué puede ir mal?

7. ¿Podemos mejorarlo?

 

1. Hipocampo ¿qué es?

hipocampoEl hipocampo es una parte del cerebro. Se encuentra en los pliegues interiores de la sección media inferior del cerebro, conocido como el lóbulo temporal.

El nombre proviene de las palabras griegas hipopótamo, que significa caballo, y kampo, que significa monstruo, ya que su forma se asemeja a la de un caballito de mar.

Los humanos lo conocemos desde hace más de 4 siglos. Es una de las partes más estudiadas del cerebro. Pero…¿qué sabemos actualmente de sus funciones?

 

2. Funciones

Sus funciones principales implican el aprendizaje y la memoria humanos, así como las emociones y reacciones.

El sistema límbico está situado en el borde de la corteza e incluye el hipotálamo y la amígdala.

Estas estructuras ayudan a controlar diferentes funciones corporales, como el sistema endocrino y lo que comúnmente se conoce como la reacción de "lucha o huida".

 

3. Hipocampo y memoria

El hipocampo ayuda a los humanos a procesar y recuperar dos tipos de memoria, memorias declarativas y relaciones espaciales.

Los recuerdos declarativos son aquellos relacionados con hechos y eventos. Los ejemplos incluyen aprender a memorizar discursos o líneas en una obra de teatro.

Los recuerdos de las relaciones espaciales incluyen rutas o dimensiones. Por ejemplo, cuando un taxista aprende una ruta a través de una ciudad, usa memoria espacial. Los recuerdos de las relaciones espaciales parecen estar almacenados en el hipocampo derecho.

Este órgano es también donde los recuerdos a corto plazo se convierten en recuerdos a largo plazo. Pero éstos se almacenan en otro lugar en el cerebro.

 

4. Hipocampo y emociones

La emoción y la memoria están estrechamente relacionadas. Lo sabemos por experiencia. Por ejemplo: vamos a una fiesta, conocemos a un grupo de personas nuevas. ¿Qué caras vamos a recordar? La mujer que nos hizo reír, el hombre que te hizo sentir avergonzado, una determinada situación…en fin todo lo que nos impactó emocionalmente. A mayor impacto emocional mayor recordación.

Eso lo saben muy bien en marketing. La disciplina del "Neuromarketing" enseña que las marcas o productos deben crear un fuerte impacto emocional (basta ver las publicidades) para quedar fijados en la memoria a largo plazo. De esta manera las marcas o productos ocuparán un lugar preferente a la hora de que el consumidor decida la compra.

El sistema emocional del cerebro (el "sistema límbico") está a cargo de transferir información a la memoria. A partir de años de experimentos y experiencia quirúrgica, ahora sabemos que la ubicación principal de esta transferencia es una porción del lóbulo temporal: el hipocampo.

 

5. Hipocampo y aprendizaje

Es sencillo establecer una relación lógica entre el hipocampo y el aprendizaje, una vez que sabemos que el hipocampo es fundamental en la memoria y, por supuesto, sin ella no hay apredizaje posible.

Al estudiar la actividad de las neuronas, los científicos han encontrado cómo es la formación de nuevas memorias asociativas, una forma de memoria declarativa. Hay pruebas directas para entender la plasticidad relacionada con el aprendizaje.

 

6. ¿Qué puede ir mal?

Decíamos que el hipocampo es absolutamente necesario para crear nuevos recuerdos.

Si una o ambas partes son dañadas por enfermedades como la enfermedad de Alzheimer, o si se hieren en un accidente, la persona puede experimentar una pérdida de memoria y una pérdida de la capacidad de crear recuerdos nuevos a largo plazo.

Es posible que no puedan recordar algunas cosas que sucedieron poco antes del daño, pero aún pueden recordar cosas que sucedieron hace más tiempo. Esto se debe a que los recuerdos a largo plazo se almacenan en otra parte del cerebro.

La amnesia global transitoria es una forma específica de pérdida de memoria que se desarrolla repentinamente, aparentemente por sí misma, y ​​luego desaparece con bastante rapidez.

La mayoría de las personas con amnesia global transitoria finalmente recuperan sus recuerdos, pero las razones por las que ocurre el problema y por qué se resuelven no están claras. Puede ser que el daño a esta área esté involucrado.

Hay daños que puede dificultar recordar cómo llegar de un lugar a otro. La persona puede dibujar un mapa del barrio en el que vivieron cuando eran niños, pero encontrar una tienda en un área nueva puede serle difícil.

También se ha relacionado con afecciones como la esquizofrenia y el trastorno de estrés postraumático (TEPT).

Es probable que este órgano sea dañado por el consumo excesivo y crónico de alcohol. Recientes estudios han encontrado una reducción en su volumen total entre los alcohólicos.

 

7. ¿Podemos mejorarlo?

El hipocampo tiene la capacidad única de generar nuevas neuronas todos los días. De hecho, estudios recientes en humanos han demostrado que hay 700 nuevas células cerebrales todos los días. La mayoría de estas neuronas, sin embargo, no sobreviven. En su fase recién nacida (pre-madura), necesitan una gran cantidad de apoyo para sobrevivir, crecer y convertirse en un miembro activo de la comunidad de neuronas del hipocampo.

La investigación muestra que tenemos la capacidad de hacer crecer nuevas neuronas más allá de lo que generalmente se produce y hacer que maduren y sean fuertes en semanas y meses.

La mejor forma de generar nuevas neuronas del hipocampo es hacer ejercicio. En un estudio que comparaba cerebros de dos grupos de ratones, el grupo asignado a correr (vivía en una jaula con una rueda de correr) generaba muchas más neuronas nuevas en el hipocampo que el grupo asignado a una jaula normal.

Otros estudios han demostrado que las personas que hacen ejercicio regularmente y están en buena forma física tienen un hipocampo mucho más grande. Cuanto más camines, más grande será tu hipocampo y menor será tu riesgo de desarrollar enfermedades como el Alzheimer. 

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8 comentarios

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Deseo recibir información, por cualquier medio, incluidos medios electrónicos, sobre las actividades propias de ESCO Euniversitas y de terceros en los que participe/colabore la Escuela.

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    Sufro estrés post-traumàtico crónico. Esto me hace ser una persona con muchos problemas de relación. Sufro el síndrome del “patito feo”. Esto afecta a todas y a cada una de las áreas de mi vida. En una frase: siempre he sentido que algo no iba bien en mi vida y trato de averiguar el que.
    He seguido terapia gestalt y cognitivo conductual. He tenido consultas con, al menos veinte profesionales (psicólogos y psiquiatras). He leído más de cien libros de auto ayuda. Y con todo eso, aunque me siento cerca de saber que ocurre, aun no lo he conseguido.
    Pienso que la clave está en la neurociencia. Para mí, es innegable que esa falta de paz en mi vida proviene de unas estructuras cerebrales con una configuración determinada y alejada de la configuración de un cerebro “sano”.
    Parece que uno de los órganos “dañados” es el hipocampo. El “daño”, creo que proviene del estrés post-traumático sufrido en una etapa crucial en la conformación de este órgano. Sobre el año de edad, mis padres se fueron a la vendimia a Francia. Yo me quedé al cargo de mi abuela y mi adolescente tía. Me contaron que preguntaba a todas horas por mis padres. Y que me respondían que volverían a la noche. Yo salía todos los anocheceres a esperarlos a la calle, y pasaba mucho tiempo allí, hasta que bien caída la noche, me convencían para entrar en casa con la promesa de que vendrían al anochecer del día siguiente. Este proceso se repitió durante días. Hasta que dejé de esperar. Y tanto dejé de esperar que cuando, por fin, volvieron dos meses después, yo había olvidado completamente a mi madre. Entró y se abalanzó sobre mí con la ilusión y desesperanza de una madre in experta ( yo era su primer hijo y ese su primera ausencia), que ha tenido que dejar a su hijo por obligación y que está ansiosa de reencontrar-lo. Y yo…le huí. Me escondí a pavorido tras las faldas de mi cuidadora. Tardé varios días en reacostumbrarme a mi madre.
    Imagino que mi hipocampo sufrió, primero la perdida. Mis padres ya no estaban; segundo la inseguridad de un nuevo entorno y unos cuidadores “desconocidos como cuidadores”; tercero la desconfianza por las mentiras bien intencionadas de mis cuidadores haciéndome creer que iban a volver cada día; cuarto el sufrimiento porque la estancia con mis cuidadores fue dolorosa y traumática. A pesar de sus esfuerzos, yo no quería comer. El miedo me cerró el estómago. Me debilité hasta el extremo de enfermar. Primero se debilito mi sistema inmunológico y cogí herpes. La boca se me llenó de llagas purulentas que tenían que reventar con un estropajo hasta hacerlas en carne viva para luego untarlas con yodo. Y esto acabó, al poco de volver ellos, con unas fiebres tifoideas que me llevaron a un paso de la muerte. Yo tengo tres recuerdos (imágenes) de aquel periodo. Uno el edredón de lana de la cama de noche acostado (dormía con mi tía). El segundo las cucharas llenas con arroz y un pedacito de uva o de aceituna que me ponían para que comiera. Y el tercero acostado en la cama de mis padres con ellos a la puerta de la habitación junto al médico. Este es un recuerdo más complejo. Creo recordar oír las palabras del médico diciéndoles a mis padre “si pasa de esta noche, sobrevivirá”. Aunque creo que sólo recuerdo la sensación de preocupación del médico y el pánico de mis padres. Creo que las palabras ( el significado es producto de lo que después me contaron que estaba ocurriendo). Si que recuerdo como sentía que era mi fin. Creo que ya tenía conciencia de mi fin. Recuerdo la pesadilla que acompañaba mi fiebre demasiado alta: Estaba dentro de un reloj de arena donde los granos de arena eran cartas de naipes. Los naipes se escurrían por el agujero del reloj de cristal y me absorbían en su proceso de caída donde yo caía con ellos. Ya abajo donde yo volvía a emerger los naipes que seguían cayendo volvían a cubrirme , y ya cubierto el reloj daba la vuelta y aparecía otra vez en medio de los naipes cayendo y engulléndome en su caída, y el proceso volvía a comenzar.
    Siempre he tenido ciertos problemas de memoria. He sido buen estudiante. Muy bueno y con una muy buena capacidad analítica. Pero he tenido muchos problemas para memorizar. Tengo muy buena memoria con situaciones y hechos relacionados con situaciones que me puedan dañar, pero me cuesta, a veces incluso recordar el nombre de mis familiares más próximos.
    Busco entender que pasa en la base física de mis emociones (las neuronas). Y sobre todo que puedo hacer para “reconfigurarlas”.
    Mi cerebro es híper vigilante. Y mi patrón de defensa es la huida. Tengo cierta fobia social. Pero mi peor “dolencia” es que magnifico las situaciones negativas cuotidianas. Un resfriado es un pequeño trauma, y una posible, aunque muy, muy improbable enfermedad renal, se convierte en un trauma paralizante. En el plano de las interrelaciones soy híper sensible. Lo capto todo. Nada se me escapa. Y en un entorno mínimamente inseguro me paralizo. Un divorcio acabó con un ahorcamiento del que me salvaron inextremis (con parada cardiorespiratoria y distensión vertebral con impronta medular.
    No veo el momento de encontrar la paz y aceptar la vida como es. Sufriendo como cualquiera, pero no tanto más como la mayoría.
    Creo que mi cerebro procesa las situaciones de peligro y las magnifica. Me quiere proteger de aquello que aprendió que ocurría cuando uno se queda sin la protección de su entorno porque le abandonan sus protectores y los cuidadores le mienten y le engañan.
    Ahora entiendo que nada de aquello era tan peligroso. Y, además todos los cuidadores me querían y , simplemente se equivocaron en su modo de cuidarme. Pero aun así, mi cerebro ya es autónomo. Y tiene una configuración “desconfiado”, “híper vigilante”, “filtrador de lo bueno para acumular lo malo”. Con la idea de evitarlo, claro.
    Ya sé que funciona mal. Con la lectura de su artículo, he aprendido que el Hipocampo produce nuevas neuronas. Creo que la clave está en dos cosas: el mindfunles. Hacer ejercicio para propiciar la producción de nuevas neuronas. Ejercitarse en “dejar pasar” las percepciones de la vida negativas. Dejar pasar los recuerdos traumáticos repetitivos. Y la segunda en reeducar la manera de entender las situaciones. Mi cerebro analiza y describe una situación y le un final dañino. Pero ese es sólo uno de los posibles finales. Cuando niño aprendí que los padres te abandonan porque no te quieren y que los familiares más próximos te mienten porque la verdad les da miedo. Se trata en asumir la verdad, primero en su dimensión justa. Ni en su peor versión ni pronóstico ni en su mejor. Vivirla en el presente con lo dañina o no de ese presente. Se trata de hablarle con breves mensajes equilibradores del pensamiento negativo y súperprotector. Se trata de desdoblarse. De dominar a ese yo automático. Se supone que la plasticidad neuronal y el tiempo han de hacer el resto.
    Queda pendiente tratar de descubrir caminos más cortos para esa reestructuración del pensamiento cognitivo-sentimental. ¿La química será un camino?. La tecnología podrá encontrar las neuronas “dañadas” y eliminarlas. Si fuésemos capaces de tener un mapa cerebral de nuestra red neuronal, y además entender que neuronas están implicadas encada uno de los procesos cognitivos y el funcionamiento de estos, y además tuviéramos un láser con la precisión necesaria para eliminar neuronas o la química adecuada para cambiar su funcionamiento, podríamos revertir aquella “mal formación” de la infancia.
    De momento toca seguir investigando, creo que estoy más cerca de encontrar la paz.
    Sufro estrés post-traumàtico crónico. Esto me hace ser una persona con muchos problemas de relación. Sufro el síndrome del “patito feo”. Esto afecta a todas y a cada una de las áreas de mi vida. En una frase: siempre he sentido que algo no iba bien en mi vida y trato de averiguar el que.
    He seguido terapia gestalt y cognitivo conductual. He tenido consultas con, al menos veinte profesionales (psicólogos y psiquiatras). He leído más de cien libros de auto ayuda. Y con todo eso, aunque me siento cerca de saber que ocurre, aun no lo he conseguido.
    Pienso que la clave está en la neurociencia. Para mí, es innegable que esa falta de paz en mi vida proviene de unas estructuras cerebrales con una configuración determinada y alejada de la configuración de un cerebro “sano”.
    Parece que uno de los órganos “dañados” es el hipocampo. El “daño”, creo que proviene del estrés post-traumático sufrido en una etapa crucial en la conformación de este órgano. Sobre el año de edad, mis padres se fueron a la vendimia a Francia. Yo me quedé al cargo de mi abuela y mi adolescente tía. Me contaron que preguntaba a todas horas por mis padres. Y que me respondían que volverían a la noche. Yo salía todos los anocheceres a esperarlos a la calle, y pasaba mucho tiempo allí, hasta que bien caída la noche, me convencían para entrar en casa con la promesa de que vendrían al anochecer del día siguiente. Este proceso se repitió durante días. Hasta que dejé de esperar. Y tanto dejé de esperar que cuando, por fin, volvieron dos meses después, yo había olvidado completamente a mi madre. Entró y se abalanzó sobre mí con la ilusión y desesperanza de una madre in experta ( yo era su primer hijo y ese su primera ausencia), que ha tenido que dejar a su hijo por obligación y que está ansiosa de reencontrar-lo. Y yo…le huí. Me escondí a pavorido tras las faldas de mi cuidadora. Tardé varios días en reacostumbrarme a mi madre.
    Imagino que mi hipocampo sufrió, primero la perdida. Mis padres ya no estaban; segundo la inseguridad de un nuevo entorno y unos cuidadores “desconocidos como cuidadores”; tercero la desconfianza por las mentiras bien intencionadas de mis cuidadores haciéndome creer que iban a volver cada día; cuarto el sufrimiento porque la estancia con mis cuidadores fue dolorosa y traumática. A pesar de sus esfuerzos, yo no quería comer. El miedo me cerró el estómago. Me debilité hasta el extremo de enfermar. Primero se debilito mi sistema inmunológico y cogí herpes. La boca se me llenó de llagas purulentas que tenían que reventar con un estropajo hasta hacerlas en carne viva para luego untarlas con yodo. Y esto acabó, al poco de volver ellos, con unas fiebres tifoideas que me llevaron a un paso de la muerte. Yo tengo tres recuerdos (imágenes) de aquel periodo. Uno el edredón de lana de la cama de noche acostado (dormía con mi tía). El segundo las cucharas llenas con arroz y un pedacito de uva o de aceituna que me ponían para que comiera. Y el tercero acostado en la cama de mis padres con ellos a la puerta de la habitación junto al médico. Este es un recuerdo más complejo. Creo recordar oír las palabras del médico diciéndoles a mis padre “si pasa de esta noche, sobrevivirá”. Aunque creo que sólo recuerdo la sensación de preocupación del médico y el pánico de mis padres. Creo que las palabras ( el significado es producto de lo que después me contaron que estaba ocurriendo). Si que recuerdo como sentía que era mi fin. Creo que ya tenía conciencia de mi fin. Recuerdo la pesadilla que acompañaba mi fiebre demasiado alta: Estaba dentro de un reloj de arena donde los granos de arena eran cartas de naipes. Los naipes se escurrían por el agujero del reloj de cristal y me absorbían en su proceso de caída donde yo caía con ellos. Ya abajo donde yo volvía a emerger los naipes que seguían cayendo volvían a cubrirme , y ya cubierto el reloj daba la vuelta y aparecía otra vez en medio de los naipes cayendo y engulléndome en su caída, y el proceso volvía a comenzar.
    Siempre he tenido ciertos problemas de memoria. He sido buen estudiante. Muy bueno y con una muy buena capacidad analítica. Pero he tenido muchos problemas para memorizar. Tengo muy buena memoria con situaciones y hechos relacionados con situaciones que me puedan dañar, pero me cuesta, a veces incluso recordar el nombre de mis familiares más próximos.
    Busco entender que pasa en la base física de mis emociones (las neuronas). Y sobre todo que puedo hacer para “reconfigurarlas”.
    Mi cerebro es híper vigilante. Y mi patrón de defensa es la huida. Tengo cierta fobia social. Pero mi peor “dolencia” es que magnifico las situaciones negativas cuotidianas. Un resfriado es un pequeño trauma, y una posible, aunque muy, muy improbable enfermedad renal, se convierte en un trauma paralizante. En el plano de las interrelaciones soy híper sensible. Lo capto todo. Nada se me escapa. Y en un entorno mínimamente inseguro me paralizo. Un divorcio acabó con un ahorcamiento del que me salvaron inextremis (con parada cardiorespiratoria y distensión vertebral con impronta medular.
    No veo el momento de encontrar la paz y aceptar la vida como es. Sufriendo como cualquiera, pero no tanto más como la mayoría.
    Creo que mi cerebro procesa las situaciones de peligro y las magnifica. Me quiere proteger de aquello que aprendió que ocurría cuando uno se queda sin la protección de su entorno porque le abandonan sus protectores y los cuidadores le mienten y le engañan.
    Ahora entiendo que nada de aquello era tan peligroso. Y, además todos los cuidadores me querían y , simplemente se equivocaron en su modo de cuidarme. Pero aun así, mi cerebro ya es autónomo. Y tiene una configuración “desconfiado”, “híper vigilante”, “filtrador de lo bueno para acumular lo malo”. Con la idea de evitarlo, claro.
    Ya sé que funciona mal. Con la lectura de su artículo, he aprendido que el Hipocampo produce nuevas neuronas. Creo que la clave está en dos cosas: el mindfunles. Hacer ejercicio para propiciar la producción de nuevas neuronas. Ejercitarse en “dejar pasar” las percepciones de la vida negativas. Dejar pasar los recuerdos traumáticos repetitivos. Y la segunda en reeducar la manera de entender las situaciones. Mi cerebro analiza y describe una situación y le un final dañino. Pero ese es sólo uno de los posibles finales. Cuando niño aprendí que los padres te abandonan porque no te quieren y que los familiares más próximos te mienten porque la verdad les da miedo. Se trata en asumir la verdad, primero en su dimensión justa. Ni en su peor versión ni pronóstico ni en su mejor. Vivirla en el presente con lo dañina o no de ese presente. Se trata de hablarle con breves mensajes equilibradores del pensamiento negativo y súperprotector. Se trata de desdoblarse. De dominar a ese yo automático. Se supone que la plasticidad neuronal y el tiempo han de hacer el resto.
    Queda pendiente tratar de descubrir caminos más cortos para esa reestructuración del pensamiento cognitivo-sentimental. ¿La química será un camino?. La tecnología podrá encontrar las neuronas “dañadas” y eliminarlas. Si fuésemos capaces de tener un mapa cerebral de nuestra red neuronal, y además entender que neuronas están implicadas encada uno de los procesos cognitivos y el funcionamiento de estos, y además tuviéramos un láser con la precisión necesaria para eliminar neuronas o la química adecuada para cambiar su funcionamiento, podríamos revertir aquella “mal formación” de la infancia.
    De momento toca seguir investigando, creo que estoy más cerca de encontrar la paz.

    Vicente Reply
  • Avatar

    disculpen, no encuentro autor ni fecha.. ¿ es posible que me ayuden con eso? gracias…

    emily Reply
    • Avatar

      Hola Emily. El artículo es de nuestra propia redacción.
      Un saludo

      Esco E-Universitas Reply
  • Avatar

    es correcto que el hipocampo se encuentra»maduro»en el momento del nacimiento?

    tina luppino Reply
    • Avatar

      Hola Tina, el sistema neurológico de los niños más pequeños no está completamente desarrollado, y la memoria no mejora hasta que las estructuras cerebrales implicadas (el hipocampo y la corteza frontal) no han alcanzado una maduración que les permite organizar las representaciones mentales del espacio y el tiempo en forma de mapas cognitivos que llamamos recuerdos. 

      La memoria episódica, relacionada con los sucesos autobiográficos que podemos recordar, se desarrolla a partir de los cinco o seis años, edad en la que comenzamos a almacenar vivencias que luego podremos evocar de manera explícita.

      Mcristina Reply
  • Avatar

    El artículo me parece útil para un comic que voy realizando, pero para poder defender con fíabilidad lo que está escrito aquí. Podrían porfavor darme el autor(año) y título de artículo o libro del que sale este artículo. Me gustaría referenciarlo como bibliografía

    Leonardo Reply
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      El artículo es propio de nuestros redactores. La bibliografía sobre estos temas es muy abundante y desde muchos puntos de vista y niveles (divulgación, científico…).

      Esco E-Universitas Reply
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    Esta parte del cerebro parecida a un caballito de mar es una de las protagonistas al hablar de emociones, memoria y por tanto aprendizaje. Sin duda, el neuromarketing saca mucho provecho de lo que la ciencia ha llegado a conocer sobre el hipocampo, sobre todo porque las marcas intentan permanecer en el top of mind de sus clientes. Cómo lo hacen: a través de mensajes y acciones que generan impacto emocional y a través de las cuales el receptor guarda dicha experiencia en su memoria a largo plazo: quién no recuerda algún spot de Coca-Cola que ha visto en su niñez?! El hipocampo forma parte de aquellos procesos que hacen de un momento, cosa o persona algo inolvidable, como nuestro primer amor…

    Ivana Margenet Reply
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      ¡Así es Ivana! ¡Gracias por participar!

      Esco E-Universitas Reply

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