NeuroLiderazgo: ¡no tomes decisiones cuando tengas hambre!

NeuroLiderazgo: ¡no tomes decisiones cuando tengas hambre!

¿Quién eres cuando tienes hambre?

Una mañana vas a tu trabajo. El día está soleado y lleno de vida, pero tu salida de casa ha sido algo complicada y no has tenido tiempo de desayunar. Un rugido en el estómago te lo recuerda. Y ¡zas! ya no aprecias el hermoso día y comienzas a transformarte en algo así como Hulk: enojado y fastidiado. Ningún ser humano puede reprimir esa ira abrumadora alimentada por un estómago vacío.

El hambre puede provocar una variedad de emociones incontrolables. Como tristeza, frustración e incluso ansiedad. Por mucho que no nos guste admitirlo, al final del día, los humanos somos un poco como animales. A pesar de evolucionar hasta convertirnos en la especie más intelectual del planeta, nuestra estructura genética todavía da prioridad a los alimentos para la supervivencia y sentiremos presión, ansiedad y estrés hasta que satisfagamos esa necesidad.

¿Qué le sucede a nuestro cerebro?

Cuando tenemos hambre, el suministro de glucosa en nuestro cuerpo disminuye y, en última instancia, priva al cerebro de su principal fuente de energía.

Si bien el cerebro representa solo el 2% de nuestro peso corporal, consume alrededor del 20% de nuestra energía total. Cuando se priva al cerebro de glucosa, da como resultado un deterioro de la comunicación entre las neuronas. Esto hace que sea extremadamente difícil regular nuestras emociones y proporcionarnos la concentración necesaria para muchas cosas, entre ellas el tomar decisiones.

Si tienes hambre, ¡No vayas de compras!

Nuestros cerebros lamentablemente no tienen la capacidad de reconocer cada pieza de información que se nos presenta. Por tanto, entran en juego las heurísticas.

Heurística es un término para definir atajos que nos ayudan a reducir la carga cognitiva y ahorrar capacidad mental para escenarios más complejos, como la resolución de problemas.

Imaginemos que te gustaría comprar un frasco de mayonesa, tu viaje de compras puede parecerse a algo como lo siguiente:

Disponibilidad:

Coges un frasco de mayonesa y te das cuenta de que esta es la marca con la que tu amigo tuvo una reacción alérgica. Es probable que supongas que las reacciones alérgicas son más comunes con esta marca de mayonesa, y entonces vuelves a dejar el frasco.

Esto se debe a que ciertos recuerdos surgen a la mente más rápido que otros, lo que influye en tu decisión sobre qué hacer a continuación.

Muchas decisiones que tomamos se basan en juicios de probabilidad. Recuerdos como éste pueden hacer que la probabilidad percibida sea más alta de lo que sería estadísticamente y objetivamente esa probabilidad.

Representatividad:

Coges otro frasco de mayonesa, la imagen en el frente de este frasco muestra a una anciana colocando una cucharada de mayonesa en un sándwich. Esta señora te recuerda mucho a tu abuela, por lo tanto, ahora asumes que esta marca de mayonesa es sabrosa como la que tu abuela solía poner en tus sándwiches.

¿Qué ha ocurrido? Esto se debe a una comparación entre una situación actual y una representación preconcebida, y puede influir en el sabor que tu crees que debe tener la mayonesa.

En piloto automático

Al día siguiente ves en la TV que si hubieras comprado otro frasco más de esa mayonesa hubieras tenido un descuento del 50%. Entonces, ¿te imaginas qué tipo de ofertas te pierdes o qué productos terminas comprando porque fuiste al supermercado con hambre?

Cuando tu cerebro no está funcionando a plena capacidad, es decir que se encuentra en «piloto automático», sus heurísticas o atajos, con los que gasta menos energía, toman el control. Se trata de un intento de reducir la carga cognitiva en esas decisiones, dejando que tu mente subconsciente y tu estómago ruidoso tomen las decisiones por tí.

Así es como terminas comprando los productos que tienen una gran relevancia visual o importancia emocional porque son elementos que permiten que tu cerebro permanezca en piloto automático.

Obviamente, el ejemplo de la mayonesa es algo de menor importancia, pero, ¿que pasa cuando tienes decisiones verdaderamente importantes que tomar?

No tomes decisiones importantes cuando tengas hambre

Al tomar decisiones, dependemos en gran medida de nuestra corteza prefrontal (memoria de trabajo) e hipocampo (memoria a largo plazo) que están en una comunicación constante. Cuando el cerebro no cuenta con suficiente combustible, la comunicación es ineficaz y genera confusión, visión borrosa, impaciencia y fatiga.

Estos síntomas tienen un impacto en la «recompensa futura». Es decir, en preferir un tipo de recompensa inmediata en lugar de en una fecha posterior. Esto es, sin duda, una falta de autocontrol.

Si tienes el estómago lleno, puedes pensar en el significado de la vida, el arte y lo que hay en el universo. Cuando tienes hambre, lo único que te importa es comer. Es una cuestión de superviviencia primitiva.

Entonces, ¿quieres convertirte en un zombi, en piloto automático, solo porque tienes hambre? ¿O será mejor alimentar tu cuerpo lo suficiente como para ayudarlo a tomar mejores decisiones? ¡No te arriesgues si no es necesario!

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