Telepatía: cada vez más cerca

Telepatía: cada vez más cerca

 

Telepatía ¿ciencia ficción?

Una joven se pone una gorra de electroencefalograma. Está jugando un juego y una computadora detecta el disparo del muy bajo voltaje de sus neuronas en su corteza visual. En una habitación, en otro edificio, otra mujer está sentada con una bobina magnética colocada detrás de su cabeza. Una señal proveniente de la primera, activa la bobina magnética, causando una breve perturbación en su campo visual, un destello virtual. ¡Se ha intercambiado información entre dos mentes que ni siquiera están en el mismo lugar!

Recientemente se logró poner a trabajar al unísono, en una misma tarea, cerebros humanos conectados. La demostración fue un juego de Tetris con tres participantes.

Dos de ellos veían todo el juego. El receptor tenía un electrodo intracraneal que producía una estimulación magnética como resultado de las señales de los otros dos. El receptor veía chispas que traducía, de acuerdo con su localización, como un sí o como un no a los movimientos de las figuras.

¿Ciencia ficción? ¿Tal vez un capítulo de «Star Treck»? Nada de eso, se trata de experimentos realizado por el Centro de Ingeniería Neuromotriz de la Universidad de Washington.

 

Hacia una nueva comunicación

Durante casi toda la historia humana, se sabía que solo los cinco sentidos naturales servían como una vía de entrada al cerebro, y el lenguaje y los gestos como canales de salida. Ahora los investigadores están rompiendo esos límites de la mente, moviendo información dentro y fuera del espacio y el tiempo, manipulándola y potencialmente mejorándola.

A partir de este experimento el científico Rajesh Rao dió un paso más. Una persona miraba en una pantalla el ataque de alienígenas de un juego; su misión era solo pensar el mejor momento para disparar. Lejos de allí otra persona recibió un impulso magnético que hizo que su mano, sin esfuerzo consciente, apretara un botón en un teclado. ¡Imaginémos las consecuencias de este hallazgo para los tetrapléjicos!

La conversación entre cerebros, o telepatía en términos habituales, probablemente dominará la neurociencia durante gran parte de este siglo, prometiendo una nueva tecnología que afectará drásticamente la forma en que tratamos la demencia, el accidente cerebrovascular y las lesiones de la médula espinal.

Pero también se tratará de la ética de nuevas herramientas poderosas para mejorar el pensamiento y, en última instancia, la naturaleza misma de la conciencia y la identidad.

 

El problema es la interfaz

La potencia informática y la programación están a la altura; el problema es la interfaz entre el cerebro y la computadora, y especialmente la que va en la dirección de la computadora al cerebro. ¿Cómo se transmite una señal al grupo correcto de células nerviosas entre los 86 mil millones estimados en un cerebro humano?

El enfoque más eficiente para lograr este transmisión de telepatía es un transceptor implantado que puede conectarse para estimular pequeñas regiones del cerebro, incluso en una sola neurona.

Dichos dispositivos ya están en uso para la «estimulación cerebral profunda», una técnica para tratar pacientes con Parkinson y otros trastornos con impulsos eléctricos. Pero una cosa es realizar una cirugía cerebral para una enfermedad incurable, y otra cosa es hacerlo como parte de un experimento cuyos beneficios son especulativos en el mejor de los casos.

 

¿Qué podemos necesitar de la telepatía?

La aplicación más obvia de la telepatía sería la comunicación directa entre individuos conectados que intercambian afirmaciones explícitas con solo pensarlas. Sin embargo no está claro que poseyendo lenguaje necesitemos una forma más avanzada tecnológicamente para decir «Llego tarde «, o incluso «Te amo «

Podemos especular que la tecnología, especialmente a través de las trasmisiones inalámbricas, podrían eventualmente permitir que los soldados o la policía, o los delincuentes, se comuniquen en silencio y de manera encubierta durante las operaciones. Pero eso ya sería en un futuro lejano.

Lo que está más cerca en la telepatía es que con una interfaz más sofisticada, uno puede imaginar, por ejemplo, una víctima de un accidente cerebrovascular paralizado que se comunica con un cuidador, o su perro.

Sin embargo, si lo que dice es: «Tráeme el periódico», hay, o habrá pronto, sintetizadores de voz y robots, que pueden hacer eso. Pero, ¿qué pasa si la persona fuera alguien como el gran físico Stephen Hawking que se comunicaba usando un músculo de la mejilla para escribir las primeras letras de una palabra? El mundo seguramente podría beneficiarse de un canal directo a mentes prodigiosas.

 

Pensando más allá

Tal vez todavía estamos pensando todavía en términos un poco limitados. Probablemente un análogo al lenguaje natural no sea la mejor aplicación para una interfaz de cerebro a cerebro. Pensando más allá, podría ser algo más global, más ambicioso: información, habilidades, incluso información sensorial cruda.

¿Qué pasaría si los estudiantes de medicina pudieran descargar una técnica directamente del cerebro del mejor cirujano del mundo, o si los músicos pudieran acceder directamente a la memoria de un gran pianista?

Puede haber atajos para aprender. Es más, ni siquiera tienen que involucrar a otro cerebro humano en el otro extremo. Podría ser un animal, ¿cómo sería experimentar el mundo a través del olfato, como un perro, o por ecolocación, como un murciélago?

Podría ser también un motor de búsqueda, conectando Internet directamente a nuestro cerebro. Cada vez más, la medida del éxito en la sociedad es la rapidez con la que accedemos, asimilamos y usamos la información que existe, no necesariamente en cuánto puede acumular en su propia memoria. Ahora lo hacemos con nuestros dedos. Pero, ¿hay algo intrínsecamente malo en hacerlo con solo pensar?

 

La vanguardia de la investigación

La vanguardia de la investigación sobre la telepatía involucra prótesis cerebrales reales. En la Universidad del Sur de California, Theodore Berger está desarrollando una prótesis basada en microchips para el hipocampo, la parte del cerebro de los mamíferos que procesa las impresiones a corto plazo en recuerdos a largo plazo.

El científico aprovecha las neuronas en el área de entrada, ejecuta la señal a través de un programa que imita las transformaciones que normalmente realiza el hipocampo y la envía de vuelta al cerebro.

Otros han usado la técnica de Berger para enviar el recuerdo de un comportamiento aprendido de una rata a otra; la segunda rata aprendió la tarea en mucho menos tiempo de lo habitual. Sin duda, este trabajo solo se ha realizado en ratas, pero debido a que la degeneración del hipocampo es una de las características de la demencia en los seres humanos, el potencial de esta investigación es enorme.

 

Fantasía vs Realidad

Dadas las especulaciones, mitos y fantasías que hay sobre la telepatía, es útil aclarar algo importante. Primero, no hay pruebas de que los humanos posean alguna forma de telepatía natural (o sobrenatural). Esto es así porque los voltajes dentro de un cerebro simplemente no son lo suficientemente fuertes como para ser leídos por otro cerebro sin mejora electrónica. Las señales (con cualquier tecnología que poseamos o visualicemos) tampoco se pueden transmitir o recibir subrepticiamente o a distancia.

El funcionamiento de la mente es seguro. Sin embargo, no es demasiado pronto para comenzar a considerar las implicaciones éticas de los desarrollos futuros, como la capacidad de implantar pensamientos en otras personas o controlar su comportamiento (prisioneros, por ejemplo) utilizando dispositivos diseñados para esos fines.

La realidad es que la tecnología está superando el discurso ético en este momento y ahí es donde las cosas se ponen peligrosas. Si ahora nos preocupa que alguien piratee la información de nuestra  tarjeta de crédito, ¿cómo nos sentiríamos al enviar el contenido de nuestra mente a la nube?

 

Otra alternativa

Sin embargo, hay otra pista sobre la comunicación de cerebro a cerebro que se está estudiando. Uri Hasson, un neurocientífico de Princeton, utiliza imágenes de resonancia magnética funcional para investigar cómo un cerebro influye en otro y cómo se combinan en una intrincada danza de señales y circuitos de retroalimentación. Se está centrando en una técnica de comunicación que considera muy superior a los EEG o la  estimulación magnética transcraneal, no es invasiva y segura, tampoco requiere conexión a Internet. ¿Sabes cuál es?

¿Has acertado? Es, por supuesto, nuestro siempre eterno lenguaje humano.

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